lunes, 3 de noviembre de 2008

Palabras en homenaje al Dr. José León Tapia C, pronunciadas por su pupílo: Dr. Rafel Aguitón en la XLV Jornada Nacional de Cirugía. Barquisimeto 2008.

En primer lugar quiero agradecer a la Sociedad Venezolana de Cirugía en el marco de la XLV Jornada Nacional de Cirugía en memoria al Dr. Antonio Agustín Mallen, a su directiva y especialmente al Dr. Ricardo Escalante, por la distinción de invitarme para hacer una semblanza de la vida y obra del Dr. José León Tapia Contreras.

Nació en barinas en 1928 en el seno de una familia humilde. Desde pequeño acumuló con su padre, llanero de a caballo, vivencias que fue grabando en su CPU cerebral. En 1946 sale a estudiar medicina culminándo en 1952, regresa a su tierra natal a ejercer como el primer especialista y allí, sin egoísmos, aprovecho la relación consanguínea con un alto personero del Ministerio de Sanidad para lograr becas y cupos para formar una serie de médicos especialistas en otras aéreas, conformando un staff de profesionales en su querido Hospital Luis Razetti, incluyendo un patólogo alemán que fundó el servicio de anatomía patológica.

Ejerció durante mucho tiempo, acumulando experiencias y publicando trabajos sobre cirugía de tiroides, vías biliares y sobre todo en cirugía radical del cuello uterino hasta que la muerte a quien combatió por muchos años, lo toco y se llevo a su anciana madre y a su muy joven segunda hija.

Ese trauma le cambio su vida. Se le puso el pelo blanco en poco tiempo y para pasar el guayabo comenzó a viajar por el interior del llano, entrevistando a ancianos protagonistas o con referencias de las innumerables guerras y batallas que se dieron en Venezuela después de la guerra de independencia y la federación.

De allí salieron sus primeros libros: Por aquí paso Zamora, Maisanta, el último hombre a caballo y el Tigre de Guaito. Que causaron gran impacto en el ámbito literario estimulándolo a hurgar en su CPU cerebral y comenzó a escribir sus vivencias en una narración nostálgica y veraz. Así nacieron: Barinas, Tierra de Marqueses, la Música de las Charnelas, la Heredad, los Años del Olvido, los Vencidos, en el País de la Memoria, el Embrujo de los Palacio, el Compromiso de ser Médico y una Visión de la Medicina.

Sus logros le valieron no solo el ser recibido como individuo de número en las academias de medicina, de la historia y de la lengua castellana en Venezuela sino ganar el premio nacional de literatura que rechazo por convicciones personales haciendo gala de su desprendimiento al no recibir el jugoso premio en metálico que incluía.

Continuo su vida entre su medicina y su literatura que a decir de algunos críticos no es novela, ni es historia ni es crónica. Hasta que finalmente se embarco en la balsa de Caronte partiendo definitivamente como los viejos guerreros, con las botas puestas ya que el infarto fulminante le sobrevino en su consultorio de tantos recuerdos. Menos de dos meses antes de cumplir los ochenta años.

Del Dr. José León Tapia Contreras tenemos muchísimos y gratos recuerdos dentro de los que podría mencionar dos para no ser muy extenso.

Primero. Sus angustias, viajes y contactos para salvar de la picota la vieja casona de los Pulido a 100 metros de la plaza Bolívar de Barinas, decía que no quería que fuera adquirida por un platudo que la derribaría levantando un edificio con lo cual se desvanecerían los recuerdos de la casa en cuyos corredores vivió y jugo de niño, José león. Hoy esta casona es la sede del Museo Alberto Arvelo Torrealba.

Finalmente una anécdota de quirófano, esta vez de humor. El Dr. Tapia tenía como férrea costumbre no seccionar el hilio vesicular sino con la tijera de Pott-Smith. Un día que realizábamos una colecistectomía. La enfermera era una bella instrumentista con unas pestañas tan largas que provocaban vientos de huracanes en su corazón de cirujano cucarachón, al pedir la tijera, le respondió con una vocecita coqueta que no tenía ni siquiera una metzembaun grande y el Dr. Tapia terminó seccionando el cístico y la arteria cística con un bisturí de mango largo.

Muchas gracias.

Dr. Rafael Agutón Contreras