Domingo López Matute, entra en mi vida en enero del año 2007, cuando mi padre, lleno de emoción me resumió la vida de este personaje. Me sorprendieron todos los avatares que sufrió este llanero y su grupo de fusileros patriotas, y por supuesto, no tuve la más mínima duda de porque mi papá decidió rescatar del olvido esta historia. Entendí que se trataba de otro vencido de nuestro pasado glorioso, y como todos los que lo conocimos sabemos, esos eran los personajes que prendían la chispa creativa de José León Tapia, pues revivir estos hombre y sus historias formaba parte de su razón de existir.
Quiero contarles que esta labor no era sencilla para él, requería de mucha dedicación, investigación y pasión. Todo un reto, quizás para el lector de sus obras, que disfruta a plenitud un libro totalmente terminado, es desconocido el proceso de su creación. Por lo que quise regalarles una pequeña historia que vivimos mi papá yo, totalmente ligada al período creativo de la obra hoy presentada.
Una vez realizada buena parte de la investigación, existía un vacio difícil de llenar, se trataba de los últimos años de vida de Domingo López Matute, que transcurrieron en la ciudad Argentina de Salta. La información era escasa, vaga, difícil de confirmar, se remitía a lo escrito en libros de protagonistas, como: “La independencia de América” y “Un Irlandés con Bolívar”, del Coronel Burnett O´Connor, quien fue comisionado por el Mariscal Sucre, para perseguir y atrapar a los desertores del ejército patriota, Domingo López Matute y sus 170 fusileros, que servían en Bolivia. Estos hombres, descontentos por el retraso en sus ascensos, el trato injusto y racista de los oficiales europeos, y no poder regresar a su Venezuela natal, decidieron llegar a la Argentina, con la esperanza en embarcarse hasta tierras venezolanas. Cosa que nunca lograron.
Ante este problema, le dije a mi papá: vamos a utilizar internet para buscar información en Argentina sobre el personaje. Aceptó la propuesta, pero con dudas sobre los resultados, pues como ya sabemos, nunca fue un hombre ganado a las nuevas tecnologías, y particularmente la computadora no fue precisamente su amiga, ya que prefería su vieja máquina de escribir Olivetti, que siempre le dio los resultados deseados. Fue entonces, cuando nos topamos con un artículo llamado “Llaneros en Salta”, en la página web de la Cámara de Diputados de la Provincia de Salta, escrito por un tal Rafael Fabián Gutiérrez. Este breve texto nos impacto de inmediato, pues revelaba facetas desconocidas del personaje.
Mi papá me pidió entonces que lo pusiera en contacto con este señor, cosa que fue un verdadero reto, ya que a pesar de mis esfuerzos en la red, solo logré encontrar un resumen curricular, donde nos quedo claro, que se trataba de un profesor, Licenciado en Letras y Especialista en Lingüística. Información que produjo un brillo pícaro en los ojos del Dr. Tapia, seguido de la temida pregunta, ¿ya tienes su correo?, y claro está, la única respuesta posible era: “no aún no”. Así que, decidí escribirle al Sr. José de Guardia, cuya dirección electrónica figuraba, como la del director de la ya mencionada página web. Comenzó entonces la presión por parte de mi papá, que me esperaba impaciente y me acosaba a diario para lograr esta comunicación. Un buen día llegó un correo electrónico donde muy gentilmente, Rafael Fabián Gutiérrez contestaba a la solicitud realizada a través del Sr. José de Guardia, abriéndose en ese momento, sin saberlo nadie, el camino a la primera y única amistad de mi papá en la web.
Comenzó a dictarme los correos que deseaba enviarle a Lic. Gutiérrez, el primero de ellos fue el día 10 de enero del 2007, donde se presentaba formalmente, manifestaba su intención de que lo ayudara con su novela y le hacía preguntas puntuales sobre el personaje. Nuevamente empezó la espera de la respuesta desde Argentina, y con ella, la impaciencia y continuas visitas de mi papá al cuarto de la computadora. Hasta que finalmente, Rafael Gutiérrez, accedió generosamente a ayudarlo. Esta relación amistosa llegó a tal extremo, que a pesar de manifestarle su propia intención de escribir un libro sobre López Matute, mi papá, decidió confiar abiertamente en él, y le envió los originales de la novela ya terminada para que los corrigiera e hiciera sugerencias.
Lo que me ratifico algo que siempre tuve claro, mi papá no se equivocaba con la gente, con solo ver una persona y tratarlo por unos minutos, sabía si era alguien digno de su confianza y amistad. Lo que si fue totalmente nuevo para mí, es que este don funcionara por internet, ya que no se equivoco, encontrando un nuevo amigo y colaborador en la distancia.
Las correcciones y sugerencias del Lic. Gutiérrez, fueron recibidas y tomadas todas en cuenta, dándole un valor inestimable, y agradeciendo a cada momento por haberse tomado la molestia de leer su libro y corregirlo, además que le parecieron tan oportunas y acertadas, que las calificó de excelentes. Lo cual interpreto como una lección de humildad literaria, ya que cualquier otro autor, pudiera haber tomado a mal las críticas realizadas.
Una vez terminada y corregida la novela, el Dr. Tapia decidió solicitarle al Lic. Gutiérrez, que prologara su libro, este accedió gentilmente, es por eso que hoy tenemos en nuestras manos, formando parte de esta novela, un prologo excepcional, donde a pesar de las distancias que nos separan, se evidencian lo mismos valores latinoamericanos, que impulsan a los hombre de letras, a rescatar nuestra historia común.
Hace unos días, recibí del Lic. Gutiérrez, un artículo escrito como homenaje póstumo, donde cuenta su versión de esta historia, y nos manifiesta su decisión personal, de asumir como compromiso, la divulgación de la obra literaria de José León Tapia en tierras Argentinas. Gesto con el que afianza y blinda el respeto y agradecimiento de nuestra familia.
Para concluir, debo decirles que desde el punto de vista meramente técnico, la comunicación entre el Dr. Tapia y el Lic. Gutiérrez, se resume a 15 correos electrónicos y sus respuestas, sin embargo, los logros literarios y espirituales, surgidos de esta extraña simbiosis temporal, quizás no puedan resumirse, pues esta obra está destinada a ser universal.
